jueves, 3 de julio de 2008

El trabajo en el campo del noroeste bonaerense
Las cuentas de un contratista
Víctor Delgado

Orlando Alonso tiene un vocabulario llano, aprendido en las cocinas chacareras. No maneja categorías políticas ni ha profundizado sobre las clases sociales en el campo. Frunce el ceño cuando habla de “Peces gordos”, de “Grandes” o “Pulpos”, sintiéndose muy lejos de esa vereda. Lo martiriza que la presidenta haya “cortado ancho” y metido “a todos en una bolsa” al hablar de “estancieros”. Asciende su bronca al mentar los pools de siembra. “Una verdadera desgracia que ponen horrible el campo y los pueblos”. Hasta lamenta que hayan ganado mala prensa recién ahora, como una chicana del gobierno que viene de ampararlos.
“Dicen que estamos cobrando la soja a 500 dólares. No sé quién, porque yo recibo $ 750 de los 870 que figura en pizarra. ¿Que un día llegó a $ 1.000?, habría que preguntar quiénes vendieron a ese valor”, desafía. Pero siente que es muy difícil plantear los reclamos del sector, y que lo entiendan en las ciudades “cuando venimos tan misturados con aquellos que quieren seguir sembrando soja y ganar más”.

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Notas anteriores de Víctor Delgado

En el oeste bonaerense. Un pueblito, una estancia. Por Víctor Delgado

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